sábado, 10 de abril de 2010

Julio C. Tello un grande de la arqueología peruana está de aniversario

Por: Arq. Hernán Amat Olazabal

Hijo de una modesta familia agricultora, Julio C. Tello nació en la provincia limeña de Huarochirí el 11 de abril de 1880. Desde pequeño destacó por ser inteligente, por ello le auguraron éxito en la vida.

Arqueólogo, sabío, maestro, consagró su existencia por una patria autentica y conciente de su destino. La inmensa obra de Julio C. Tello (1880-1947) problablemente, no ha recibido la atención que merece. La suya ha sido una de las influencias más sobresalientes en la conformación y desarrollo de la arqueología peruana y en la búsqueda de nuestra identidad nacional.

Han transcurrido más de sesenta años de su muerte; ha llegado el momento que los arqueólogos realicen una nueva evaluación de su contribución a la luz de sorprendentes descubrimientos realizados en las dos últimas décadas en Chavín, La Galgada, Huaricoto, Garagay, Huaca de los Reyes, Pacopampa, Huacaloma, entre otros. Muchos de ellos afianzan sus postulados relativos a los origenes de la civilización andina.

Es precisó recordar algunos pasajes de la vida de Julio C. Tello; de su proyección como arqueólogo, merecen especial mención en nuestros tiempos de crisis y de ajuste para hombres e instituciones. Tiempos de renovación y de lucha, tiempos de dura lucha en los cuales la claridad de pensamiento y la objetividad del hombre de ciencia deben prevalecer sobre la fuerza del instinto y aún sobre el ardor político especialmente en la disciplina que cultivamos cuya tarea fundamental es entender los sistemas socioculturales que se desarrollaron y desaparecieron en el pasado, y que, al mismo tiempo tiene la misión esencial de hacer conocer los fundamentos de nuestra identidad cultural y peruanizar el Perú.

Tello tuvo el mérito encomiable de ser uno de los primeros científicos sociales en romper la idea dominante de la inferioridad de los antiguos pueblos del Perú. El desprecio por las "cosas de los indios". Acumuló ingentes testimonios de la grandeza de nuestro pasado, en contra de los que se avergonzaban de lo genuinamente indígena. Aquella grandeza estigmatizada, marcada con sello demoníaco, encarnecida y vilipendeada por generaciones, cuyo gusto había sido entregado el academismo europeo.

Tello hizo brotar literalmente de las llanuras costeñas, de la maleza que los cubrieron durante milenios, innumerables tumbas, templos y ciudades deslumbrandoras imagenes de dioses en oro, piedra y barro e infinidad de evidencias de la realidad sociocultural y ecónomica del antiguo poblador andino.

Estos hallazgos significaron el primer contacto universal con el prodigiosos arte del aborigen prehispánico. En el mundo se produjo un movimiento de interés semejante al que recorrío Europa cuando el conquistador Hernando Pizarro mostró al monarca Carlos V parte de los fabulosos tesoros del rescate de Atahualpa y las piezas de oro arrancadas de los templos de Pachacamac y el Coricancha.

No había museos que bastarán para contener el flujo de los objetos arqueológicos. Constituía otro descubrimiento del nuevo Mundo. Tello allanó el camino para que el indígena, del Perú antiguo, en esta su segunda aparición en él fuese conocido y admirado a través de la magnificencia de sus creaciones artisticas.

Defensor tenaz de nuestro patrimonio cultural que era presa fácil de las potencias extranjeras, creó el patronato Nacional de arqueología y en 1929 gestó la famosa Ley 6634, hoy tan venida a menos y "desamparada" por otra ley. Demostró que cada vez que penetramos a las profundidades del pasado, a través de la arqueología, nuevas evidencias de grandeza nos iluminan y reconfortan. Como indio de raigambre luchó con denuendo y amor por su raza marginada y vilipendiada.

Luego de una infancia bucólica, desciende de las serranias de Huarochirí y vive precariamente en Lima cobijado por Ricardo Palma. Estudia medicina y ciencias en la Universidad de San Marcos, graduandose en 1907 por aclamación, con la tesis "La antiguedad de la sifilis en el Perú"; recibe el grado de Master conferido por la Universidad de Harvard, y después de desempeñar la dirección del Departamento de Arqueología en el Museo de Historia Natural, se enfrenta, en la década de los veinte, al hispanismo limeño de rancia estirpe colonial que exaltaba la herencia de la "Madre Patria".

Eran los tiempos en que, aún se soñaba con las tapadas y los balcones coloniales y José de la Riva Aguero minimizaba o casi descartaba "la contribución del elemento indio en la formación de la nacionalidad". añadiendo que la historia incaica no la sentía "con el efecto íntimo con que apreciamos la colonia". En suma, cuando todavía, la Historia del Perú no era sino un capitulo de la Historia de España. Tello logró, con visión unitaria, enlazar el largo proceso histórico precolombino con la historia colonial y republicana".

Frente al gran prestigio que ejercía el arqueólogo Max Uhle: quien afirmaba que las culturas que florecieron en periodos preincaicos (Nazca, Moche, Tiahuanaco), no eran sino producto "desprendidos del gran tronco centroamericano", "ramas periféricas de la antigua expansión maya".

Tello propugnó el autoctonismo de la civilización andina, señalando que sus raices se hallaban en Chavín y en pueblos que se habrían desarrollado siglos antes en la floresta tropical. Afirmaba, en un artículo escrito en el campamento de las ruinas de Sechín, en 1937, que estaba casi seguro que "el problema de las influencias centroamericanas sobre las culturas andinas - postulado por Uhle - se troncará en el futuro en el nuevo problema que plantea la existencia de la civilización Chavín, cuyo alto desarrollo y antiguedad parece sustentarse en hechos y testimonios más fidedignos y reveladores".

Tello recorrío como nadie, de uno a otro confín el territorio patrio, escudriño los rasgos distintivos de la Civilización Andina, su originalidad y sus caracteristicas de homogeneidad en el espacio y la continuidad en el tiempo. Comprendió que en la coexistencia de ecosistemas variados, surgieron diversidad de culturas, de lenguas y estilos artisticos no habia quebrado la unidad de la civilización Andina.

Jorge C. Muelle, con su habitual agudeza y sapiente juicio, dice que "la obra de Tello corresponde a los años dificiles de confirmación a los dias en que la nebulosa de una sociedad con dos tradiciones comenzaba a condensar su unidad.

La definición politica nos la dieron los Libertadores hace siglos y medio, pero la gesta de la emancipación no logró amalgamar a los pueblos y todavía hoy hablamos de la marginación de un sector de nuestra población y de la necesidad de su integración".

Sabía Tello que esa necesidad era apremiante y perentoria. Como trabajador infatagable de nuestra tradiciones, emprendío esta ardua tarea con pasión y tesoneramente, através de la cátedra que regentaba en la Universidad de San Marcos, cuando la Universidad empezaba a ajustar su devenir al ritmo de los tiempos.

De los tiempos nuevos señalados por la Reforma de 1919. Batalló a través de sus fructíferas iniciativas e intervenciones en el Parlamento Nacional, o como Director del Museo Nacional, y básicamente a través creación intelectual, fruto de una incansable investigación, evidenciada en sus obras fundamentales: "Introducción a la Historia Antigua del Perú" (1912); "Wirakocha" (1923); "Antiguo Perú" (1929); "Origen y Desarrollo de las Civilizaciones Prehistoricas Andinas" (1942); "Sobre el Descubrimiento de la Cultura Chavín en el Perú"(1944); y en las publicaciones póstumas realizadas gracias a la paciente y abnegada labor de su discípulo Toribio Mejía Xesspe, tales como "Paracas Primera Parte"(1956),''Arqueologia del Valle de casma" (1956); y "Chavín Cultura Matriz de la Civilización Andina" (1960). Todas ellas marcaron verdaderos hitos en la bibliografía arqueológica y constituyeron muestras vigorosas de su amplia visión . En sus páginas se aprecia un corpus diáfano de las expresiones culturales del Perú Antiguo.

Merece especial mención aquello referente al famoso "Archivo Tello". Se sabe que esa documentación inédita cuyo extenso catálago fuera publicado por Carlos Daniel Varcárcel contiene trabajos muy valiosos acerca de la iconografía, ceramografía y tecnología de las culturas precolombinas. La universidad de San Marcos es la depositaria de este valioso archivo, y para su preservación y investigación creó, en mayo de 1970, el ''Centro de Documentación Antropológica y Archivo Tello". Estamos seguros que esta entidad pronto hára conocer, en publicaciones sucesivas, la esperada obra inédita de Tello.

La contribución de Tello ha sido desdeñada por muchos ; sin embargo, destacados especialistas y profundos conocedores de la problemática de los orígenes de las culturas formativas andinas, como Donald W. Lotrap, afirman que ''al iniciar cualquier discusión sobre los origenes de la cultura Chavín, es necesario reconocer nuestra deuda al Dr. Julio C. Tello, quien fué el primero que se ocupó de la unidad cultural de Chavín... estudios recientes, con definiciones más restrictivas y métodos más precisos, han llamado nuestra atención en los varios aspectos de las interpretaciones de Tello, y de tiempo en tiempo, resulta conveniente revisar las publicaciones de Tello en términos de amplitud y exactitud".

Es evidente que las investigaciones realizadas por Tello y sus colaboradores en sitios con filiación Chavín continúan siendo su aporte más duradero. Estos aportes precursores estimularon la labor ulterior de arqueólogos que perfeccionaron el esquema establecido en sus obras de 1921 y 1942; pero, en lineas generales, siguen siendo esencialmente las que él trazó.

El paladín del autoctonismo y de la tarea de peruanizar el Perú, defendió sus principios con decisión y pugnacidad sin par. Por todo esto, Tello se ha convertido en una especie de leyenda para quienes no lo conocieron, su nombre sigue siendo grande en la história de la arqueólogía.

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