
Tras el devastador terremoto en Chile, se abrió un interesante debate entre Bret Stephens, columnista del Wall Street Journal, férreo defensor del modelo económico neoliberal, y Naomi Klein, periodista e investigadora con gran influencia en el movimiento antiglobalización.
El debate se centra sobre si el modelo económico Chileno aplicado por Pinochet, tras el golpe en 1973, habría salvado al país de un desastre total a raíz del terremoto. Para Stephens, Chile habría resistido mejor que ningún país un terremoto tan fuerte, debido a que aplicó las medidas económicas recomendadas por Friedman. Naomi Klein demostró que eso no resiste un análisis serio. A continuación reproducimos fragmentos de este interesante debate. Mejor saque usted sus conclusiones.
Bret Stephens
Milton Friedman murió hace más de tres años. Pero no cabe duda de que su espíritu protegió a Chile en la madrugada del sábado (del terremoto). Gracias en buena parte al economista estadounidense, el país ha soportado una tragedia que en cualquier otro sitio habría sido apocalíptica.
El terremoto en Chile alcanzó una magnitud de 8,8. Es decir, casi 500 veces más potente que el de Haití. Sin embargo, el balance provisional de fallecidos —795 en el momento de escribir estas líneas— es muy inferior frente a las 230.000 personas que se estima han muerto en Haití.
No es causalidad que los Chilenos habitaban en casas de ladrillo, y los haitianos en casas de paja, cuando llegó el lobo a derribar la vivienda. En 1973, el año en el que el gobierno protochavista de Salvador Allende fue derrocado por el general Augusto Pinochet, la economía estaba en la ruina.
Lo que Chile tenía era capital intelectual, gracias a un programa de intercambio entre la Universidad Católica y el departamento de economía de la Universidad de Chicago, por aquel entonces el hogar académico de Friedman.
Pinochet designó a una sucesión de Chicago Boys en los principales cargos económicos. Para 1990, el año en el que cedió el poder, el PIB per cápita había subido 40% (en dólares de 2005). Los sucesores democráticos de Pinochet —de una coalición de centroizquierda— ampliaron la ofensiva liberalizadora. El resultado es que los Chilenos se han transformado en el pueblo más rico de Sudamérica.
Chile también cuenta con uno de los códigos de construcción más estrictos del mundo, algo que tiene sentido en un país que está entre dos masivas placas tectónicas. Pero tener códigos es una cosa y hacerlos cumplir es otra. La calidad y consistencia de la aplicación de las normas está relacionada generalmente con la riqueza de las naciones.
En “La Doctrina del Shock”, (Naomi) Klein titula uno de sus capítulos “El Mito del Milagro Chileno”. En el libro, la única cosa que logran Friedman y el resto de los Chicago Boys fue llevar la riqueza a la clase alta y eliminar la mayor parte de la clase media. Pero los Chilenos de todas las clases sociales—que enfrentan las secuelas de un shock real— pueden tener otra interpretación de Friedman, que los ayudó a darles los recursos primero para sobrevivir al terremoto, y ahora para reconstruir sus vidas.
Naomi Klein responde
Desde que la desregulación causó un desastre económico mundial en septiembre de 2008 y todo el mundo se ha vuelto otra vez keynesiano, no ha sido fácil oficiar de seguidor fanático del difunto economista Milton Friedman.
Justo dos días después de que un demoledor terremoto golpeara Chile, Bret Stephens informaba a sus lectores de que “el espíritu de Milton Friedman aleteaba protector sobre Chile”. Hay un problema realmente de bulto con esta teoría: el código moderno de edificación sísmica en Chile, redactado para resistir terremotos, se adoptó en 1972. La fecha es enormemente significativa, dado que se trata de un año antes de que Pinochet tomara al poder mediante un sangriento golpe de Estado respaldado por los Estados Unidos. Eso quiere decir que si hay alguien a quien atribuir el mérito de esa ley no es a Friedman, ni a Pinochet, sino a Salvador Allende, el presidente socialista Chileno democráticamente elegido.
Parece significativo que la ley se promulgara aun en medio de un agobiante embargo económico (“que rechine la economía”, gruñó, según es fama, Richard Nixon cuando ganó Allende las elecciones de 1970).
Por lo que se refiere al argumento de que las medidas friedmanianas son la razón por las que los Chilenos viven en “casas de ladrillo” en vez de “paja”, queda claro que Stephens no sabe nada del Chile anterior al golpe. El Chile de los años 60 gozaba del mejor sistema sanitario y educativo del continente, además de disponer de un efervescente sector industrial y una clase media en rápido crecimiento.
Pinochet y sus Chicago Boys hicieron todo lo que pudieron para desmantelar la esfera pública Chilena, reduciendo las regulaciones financieras y comerciales. Se creó una enorme riqueza en este periodo, pero a un precio terrible: para principios de los 80, las medidas de Pinochet recomendadas por Friedman habían provocado una rápida desindustrialización, multiplicando el Desempleo por diez. Llevaron también a una crisis de corrupción y deuda tan grave que en 1982 Pinochet se vio forzado a despedir a los asesores de los Chicago Boys y nacionalizar varias de las instituciones financieras desreguladas.
Afortunadamente, los Chicago Boys no lograron destruir todo lo logrado por Allende. La empresa nacional del cobre, Codelco, continuó en manos del Estado, insuflando riqueza a las arcas públicas e impidiendo que los Chicago Boys hicieran entrar la economía de Chile en un rápido y completo declive. Tampoco lograron deshacerse del riguroso código de edificación de Chile, un descuido ideológico por el que debemos dar todos, las gracias.
Con información de "La Primera"


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