
Rosa María Palacios es una periodista que se ha ganado el respeto de tirios y troyanos por su dominio de las materias que aborda. Querida por sus televidentes y temida por los políticos, este lunes celebra los seis años de Prensa Libre (de L a V, 11 p.m., América TV), su programa periodístico.
Crecer por San Isidro fue una maravilla. Era otro mundo: no había tráfico y no había problemas de inseguridad: pasábamos el día montando bicicleta en El Olivar. Había mucha vida de barrio”. Rosa María Palacios, la conductora de Prensa Libre (América TV), nos habla de su niñez.
¿Siempre quiso ser abogada?
No. Yo entré a la Católica a estudiar Literatura, pero al terminar Estudios Generales, y cuando ya iba a Literatura, me pasó algo muy tonto. Me crucé con una chica que, de Derecho, se iba a pasar a Literatura “pues era muy creativa, muy talentosa”. Me reí porque yo no era ni talentosa ni creativa. Entonces, me dije: “Me voy a Derecho”.
¿Escribía?
No. Me iba a Literatura por mi vocación académica, porque la Literatura me importaba como objeto de estudio, de análisis, no como un ejercicio de escritura. Yo no fui deportista pero sí muy lectora. Leer cuentos y novelas es un placer, pero ahora me paso el día leyendo expedientes, informes, cosas del caso Comunicore (risas).
Imaginé que le gustaba el Derecho…
Me fui por curiosidad, pero desde el primer semestre me gustó. La Católica nos da una forma ordenada de pensar, nos enseña a organizar nuestras ideas. Yo, si no fuera porque es larguísima, le recomendaría a todos los jóvenes que estudien Derecho, pues sirve para todo, nunca resta, siempre suma.
¿Quiénes fueron sus profesores?
Tuve magníficos profesores. Se va a reír, pero uno de los cursos más entretenidos que llevé era Impuesto a la Renta, con el Dr. Medrano, quien era actor del TUC. También recuerdo Derecho Laboral, con Mario Pasco, otro actor del TUC. Tributario lo llevé con Zolezzi; Reales, con Avendaño. Con profesores así, las cosas áridas se volvían muy entretenidas. Además, destaco los dos años de Estudios Generales. Uno no pierde el tiempo, lo gana. Los periodistas que no tienen base de humanidades están perdidos.
¿No tiene vergüenza ajena cuando sabe más que sus entrevistados?
Qué puedo hacer. Hago un esfuerzo enorme por disimularlo, trato de hacerme la sonsa pero no me liga. Si uno hace periodismo político tiene que hablar de iniciativas legales. Entonces, yo no me dejo sorprender porque tengo un mínimo de cultura legal –otro requisito indispensable para cualquier periodista–. Hay temas polémicos en los que tengo una opinión impopular. ¡Qué puedo hacer! Yo no transo mis certezas.
¿No ha transado ni por rating?
Nunca. El rating no es una abstracción: son personas viendo televisión, midiendo sus preferencias, y sirve para tres cosas: 1) Vender publicidad. Yo no vendo publicidad, la vende el canal, y yo no tengo relación alguna con los auspiciadores. 2) Amasar el ego del conductor del programa. Mi ego está bien amansado. 3) Conocer la audiencia. Y, para esto, hay que leer el rating por años, no por días.
¿Conoce a su público?
Le puedo decir, por ejemplo, a qué hora se va a dormir la gente, qué es lo que más le interesa a las 11 p.m. La gente pobre se va a dormir primero. Por eso, trato de que mis contenidos más 'utilitarios’, los que les sirven a los más pobres, vayan primero.
¿Qué tan pedagógico es su trabajo?
Bastante. Involuntariamente pedagógico, pero lo es. Sin embargo, es mentira que la prensa o los medios tengan como misión educar a la gente.
¿Qué siente cuando le dicen caviar?
Me gusta. Otros me dicen neoliberal y fascista. Que me digan caviar promedia mi condición (risas). Otros me dicen “comunista”, “roja”, “aprista”, “toledista”, “fujimorista”, todo lo que se pueda imaginar.
Liberal sí es…
En términos económicos y políticos. Liberal en los términos de la democracia liberal del siglo XIX: una organización del Estado donde el poder esté repartido, donde no haya una autoridad absoluta y con un sistema de derechos fundamentales… eso es.
Fue amiga de Beto Ortiz…
Tenemos una relación cordial. ¿Nos lanzamos pullas? De mi parte, jamás. Cada persona tiene su estilo y el mío no es dialogar con un competidor por la pantalla, salvo que la ofensa sea tan grande que tenga que contestarla.
¿Sus entrevistas más memorables han sido con Genaro Delgado Parker?
Es un gran entrevistado. No es mérito mío, sino del personaje. Sabía mucho de su historia y estar informado ayuda muchísimo. Uno termina desenmascarando no solo a una persona sino a una realidad. Uno o se indigna o se ríe, y termina diciéndose: “Este personaje no puede ser real, esto es ficción”.
Hay dos hechos incómodos en su biografía: el caso Hurtado Miller y el que su esposo haya trabajado para Petrotech…
No me gustaría hablar de ninguno, la verdad. La acusación por lo de Hurtado Miller es una estupidez. Hice una consultoría de ocho semanas porque me pagaron por hacerla. Punto. El único interés que tienen los gobiernos y algunos opositores es destruir el prestigio de los periodistas, porque es lo único que tenemos. Entonces, a personas como yo nos rebuscan hasta en las partidas de nacimiento de nuestros hijos para ver qué encuentran y con qué te atacan. Es lamentable.
¿Sus enemigos son peces grandes?
Yo no tengo enemigos. Si algunos políticos han decidido asustarme es una estupidez, pues no les tengo miedo.
¿Nuestra fauna política es una fauna?
Son un reflejo de lo que es el país, aunque nos duela. A esas autoridades las elegimos nosotros. Si no nos gustan las autoridades, la próxima elijamos bien.
¿Cómo controla sus simpatías políticas, electorales?
Me he vuelto tan escéptica que ya no simpatizo con nadie.
Con información de "Perú 21"


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