domingo, 1 de mayo de 2011

Benedicto XVI reitera la importancia de los medios de comunicación

Evocando a Juan Pablo II, que hoy tendrá la alegría de beatificar, Benedicto XVI ha reiterado ayer sábado la importancia de los medios de comunicación al servicio del diálogo, de la paz y del desarrollo, por el bien de toda la humanidad. Recibiendo en el Palacio Apostólico de Castelgandolfo, a los miembros de la Unión Europea de Radiotelevisión, que han participado en su decimoséptima asamblea - siendo huéspedes este de año de Radio Vaticano, en el 80 aniversario de su fundación - el Papa, pronunciando su discurso en francés e inglés, ha renovado su gratitud por la colaboración que le ofrecen en su ministerio como Sucesor de Pedro:

«Hace veinte años, en 1991, cuando el venerable Juan Pablo II, que mañana tendré la alegría de proclamar Beato, recibía a los participantes en vuestra asamblea general en el Vaticano, os alentaba a desarrollar vuestra colaboración mutua, para favorecer el crecimiento de la comunidad de los pueblos del mundo. Hoy, pienso en los procesos en curso en países del Mediterráneo y en Oriente Próximo, algunos de los cuales son también miembros de vuestra Asociación. Sabemos que las nuevas formas de comunicación han desarrollado y desarrollan aún un papel no secundario en estos procesos. Os deseo que sepáis poner vuestros contactos internacionales y vuestras actividades al servicio de la reflexión y del compromiso, para que los instrumentos de las comunicaciones sociales sirvan al diálogo, a la paz y al desarrollo solidario de los pueblos, superando las distancias culturales, las diferencias y los miedos».

Con su cordial bienvenida y tras saludar al arzobispo Claudio Maria Celli, que preside del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, al presidente de la Unión Europea de Radiotelevisión, Jean Paul Philippot, y al director de Radio Vaticano, padre Federico Lombardi, el Papa ha destacado que cuando su predecesor Pío XI le encargó a Marconi que dotara al Estado de la Ciudad del Vaticano con una estación de radio a la altura de la mejor tecnología disponible en aquellos tiempos, «demostró que percibía agudamente hacia qué dirección se estaba desarrollando el mundo de las comunicaciones y cuáles eran las potencialidades que la radio podía ofrecer para el servicio de la misión de la Iglesia»:

«Efectivamente, a través de la radio los Papas pudieron trasmitir más allá de las fronteras, mensajes de gran importancia para la humanidad, como los justamente célebres de Pío XII, durante la II Guerra Mundial, que dieron voz a los anhelos más profundos de justicia y de paz. O como el de Juan XXIII en el momento culminante de la crisis entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en 1962. Y cómo, también a través de la radio, Pío XII pudo difundir cientos de miles de mensajes a los prisioneros y dispersos durante la guerra, de parte de sus familiares, desarrollando una obra humanitaria que le mereció gratitud imperecedera».

Haciendo hincapié en el servicio de la radio en favor de las expectativas de los creyentes y de los pueblos sometidos a regímenes opresivos de los derechos humanos y de la libertad religiosa, Benedicto XVI ha subrayado nuevamente que «la Santa Sede es conciente de las potencialidades extraordinarias que tiene el mundo de la comunicación en favor del progreso y del crecimiento de las personas y de la sociedad». Todo ello, sin olvidar, la importancia de los problemas y de los desafíos del momento actual:

«Permitidme, por lo tanto, que manifieste a todos vosotros mi interés y mi solidaridad en la importante obra que desarrolláis. En las sociedades de hoy están en juego valores fundamentales para el bien de la humanidad. Y la opinión pública - en cuya formación vuestro trabajo tiene tanta importancia - se encuentra a menudo desorientada y dividida. Sabéis bien cuáles son las preocupaciones de la Iglesia católica en lo que respecta al respeto de la vida humana, la defensa de la familia, el reconocimiento de los auténticos derechos y de las justas aspiraciones de los pueblos, los desequilibrios que causan subdesarrollo y hambre en tantas partes del mundo, la acogida de los migrantes, el desempleo y la seguridad social, las nuevas formas de pobreza y las marginaciones sociales, las discriminaciones y las violaciones de la libertad religiosa, el desarme y la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos».

Con sus mejores deseos de fecundo trabajo y agradeciendo una vez más a esta Asociación, por la colaboración concreta que le brindan, en particular, en las grandes celebraciones de la Navidad, de la Pascua y de sus viajes, Benedicto XVI ha concluido su discurso con unas palabras de especial amistad:

«También para mí y para la Iglesia católica sois pues aliados y amigos importantes en nuestra misión. En este espíritu, me alegra invocar sobre todos vosotros, sobre vuestros seres queridos y sobre vuestro trabajo la Bendición del Señor».

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